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Santiago Gómez Sierra: ¿Loco o visionario?
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La decisión adoptada por el consejo de administración de CajaSur ha sido tildada, desde numerosos ámbitos, como irracional.
Se ha argumentado con frecuencia que la intervención del organismo supervisor siempre sería más lesiva para la entidad que la absorción (que no fusión) por parte de Unicaja.
Pero también es cierto que la integración en una caja andaluza obliga a un recorte más dramático del empleo. Frente a ello, los políticos que ahora dan lecciones gratuitas de responsabilidad nunca han querido admitir que las denominadas “sinergias” –o suma de fuerzas- son infinitamente menores con la oferta de Unicaja que las que aporta cualquier socio de más allá de las fronteras andaluzas. De hecho, han llegado a frustrar alternativas viables, como la de Caja Murcia.
Gómez Sierra siempre ha denunciado que “amputar” un tercio de CajaSur era un precio demasiado alto para saciar las exigencias de la Junta de Andalucía, obsesionada con controlar una gran entidad en Andalucía de la mano de Braulio Medel.
El sábado era muy fácil calificar de locura la decisión del sacerdote, pero a partir de ahora hay que seguir de cerca el curso de los acontecimientos antes de hacer un pronunciamiento definitivo. La caja tiene una sólida implantación y una clientela increíblemente fiel. Puede ser atractiva para grupos financieros de otras comunidades, que podrían digerir su negocio sin la necesidad de hacer recortes dramáticos.
Por ello, a partir de ahora caben varias opciones de futuro. Una actuación agresiva del Banco de España podría liquidar definitivamente a CajaSur, que quedaría diluida en otras entidades una vez que se subasten sus activos. Otra teoría sostiene que Unicaja volverá a la carga y, en esta ocasión, tendrá las manos libres para reestructurar la entidad cordobesa a su antojo, sin el colchón de una negociación previa.
Pero también es posible la utopía. Es decir, que el organismo supervisor trate con cariño a CajaSur, esquive la presión política y encuentre un socio capaz de entender el arraigo local de la entidad y buscar una solución menos dramática que el recorte de 1.300 empleos.
Sólo cuando sepamos el desenlace del culebrón CajSur, podremos juzgar seriamente a Santiago Gómez Sierra. Lo que parece claro es que no habrá término medio: pasará a la historia como un loco o como un visionario.
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